Aunque ya es propietario de dos hoteles de 3 estrellas, Philippe Vaurs acaba de abrir un tercer hotel en París, el hotel Five, en homenaje a los cinco sentidos.
LE FIGARO. - ¿Cómo nació este concepto?
Philippe VAURS. - Quería abrir un hotel urbano, de estilo y asequible, que invite emociones. Pero no tenía los medios de los hermanos Costes, que siempre han asociado a grandes diseñadores como Philippe Starck a sus proyectos. A pesar de todo, estoy muy feliz de haber obtenido la colaboración de Vincent Bastie, arquitecto de numerosos hoteles urbanos como, en París, el Murano o el Hôtel du Petit Moulin.
¿Por cuáles medios ha invocado a los sentidos?
Primero que todo, por medio de los olores, ya que todos sabemos hasta qué punto son evocadores. Al hacer la reservación, los huéspedes pueden elegir uno de los cuatro aromas de interior del perfumista Dyptique. Una vez en su habitación, están en libertad de encender el difusor si lo desean.
A continuación, el hotel Five integra la fibra óptica sobre las paredes y las baldosas de todas las habitaciones y todos los cuartos de baño. Está instalada en los cielos rasos de las suites y dan la impresión de estar durmiendo al aire libre. Esta fuente propaga una luz de una poesía increíble.
¿Está satisfecho con el resultado?
Nuestras veinticuatro habitaciones son pequeñas pero muy personalizadas. Cada una cuenta con una obra original de Isabelle Emmerique, la primera mujer que obtuvo el primer premio de laca de china en Japón. Hemos logrado jugar con el espacio, los volúmenes, los colores y los materiales, con tejidos del gremio de diseñadores, de Lelièvre, Missoni, Kenzo, Elitis o Jab. Una joven pasó su noche de bodas aquí, y tuvo la impresión de estar en un hotel de cuatro estrellas. Es uno de los cumplidos más bonitos que me han hecho. Lo que quiero es democratizar el diseño de lujo, facilitar el sueño. Entrevista llevada a cabo por M. L.
Philippe Vaurs abre un hotel nuevo de una poesía increíble. DR.The Five Hôtel, 3, rue Flatters, 75005 Paris, tel.: 01 43 31 74 21, www.theflvehotel-paris.com, habitación desde 150 € hasta 320 €, desayuno a 15 €.
ARTESANÍA
El Ministro de la Cultura, Renaud Donnedieu de Vabres, otorgó el título de artistas a once profesionales excepcionales.
“LAS ARTES son los laboratorios del futuro. En sus talleres, los cerca de 30 000 artesanos franceses hacen el mayor esfuerzo por restaurar, reproducir, reparar y crear objetos de arte”. Las palabras pronunciadas por el Ministro de la Cultura, Renaud Donnedieu de Vabres durante la ceremonia de entrega de los premios a los once artistas nuevos amos, fueron alabanzas merecidas; con esto se aumenta el número a setenta y cuatro desde la creación del título en 1994.
La promoción de 2006 cuenta con siete especialistas en ámbitos tradicionales del artesanado, tales como: Yves Benoît, estampador, impresor y fabricante de terciopelo, Christopher Clarke, fabricante de instrumentos antiguos con teclado, Bernard Dejonghe, escultor en vidrio y cerámica, Gérard Desquand, grabador, heraldista, Isabelle Emmerique, maqueadora, creadora de objetos en laca, Pietro Seminelli, creador de textiles y especialista del arte del pliegue y René Tazé, grabador de talla dulce.
Aunque por primera vez, cuatro jefes de taller que participaron en el nombramiento internacional de las grandes empresas francesas de lujo y elegancia y formando parte del Comité Colbert, también fueron nombrados, con carácter honorífico solamente. Se trata de Jean-Marie Delhoume, marroquinero en Louis Vuitton, Martine Houdet, diseñador de alta costura creativa en Chanel, Arnaud Philippe, marroquinero en Hermes y Sarge Vaneson, grabador sobre cristales, en Baccarat.
A.-M. R.
“Hace treinta años, ingresé al taller de “laca” y de allí, eso fue la revelación, ya no he salido nunca más”, declara Isabelle Emmerique. Lascaux, el biombo de cuatro paneles de fondo rojo lacado. Sébastien Soriano/Le Figaro.Estableció su santuario al fondo de un pequeño jardín de cura, en un suburbio parisino, detrás de rosas que se marchitan, hiedras trepadoras y bambúes vivaces.
Un TALLER SANTUARIO minúsculo, dos habitaciones pequeñas, de techo bajo, casi vacías a parte de las pilas de pigmentos en bocales multicolores, los cepillos, los pinceles y algunas obras colgadas en las paredes. Para ejercer el oficio de maqueador, uno no necesita muchos materiales, sino que necesita imaginación, paciencia y sensibilidad. Tres calidades que posee Isabelle Emmerique, una mujer grande, bonita, con ojos azul cielo y una cabellera tan brillante como su sonrisa.
“Nací en una familia de normalistas y quería ser pintora, explica. Así que me integré a la escuela de artes aplicadas en calidad de pulidora de tapicería, a los 19 años. Luego, un día, hace treinta años, ingresé al taller de “laca” y de allí, eso fue la revelación, ya no he salido nunca más”.
Lo que la sedujo, fue el trabajo solitario del maqueador, la lentitud, la sensualidad de esta materia suntuosa y rica, “también el olor, un poco como el de leche cuajada que emana de los bebés”. Sin embargo, la laca es tan vieja como el mundo: “el objeto más antiguo en laca es un peina de una mujer china que data de hace 7 000 años. Lo barnizaron - en rojo y negro - primero para reforzar la solidez de sus dientes, pero muy rápidamente los Chinos entendieron el uso decorativo que podían obtener”.
Como todos los artistas, Isabelle Emmerique tuvo “un” primer maestro, Paul Cressent - “quien me enseñó la espiritualidad” - y un segundo, Robert Simoneau - “que me enseñó la restauración”. Después de cinco años de estudios, donde asimiló la meticulosa complejidad de este arte del Extremo Oriente - ocho capas de pintura con pegamento de conejo para el apresto, varias capas de barniz con pigmento y esencia de trementina para el fondo, horas de espera, de secado, antes de empezar por fin a pintar la decoración -, se lanzó.
La creación pura
En asociación con un colega, practicó durante siete años los dos aspectos del oficio. “Llevaba a cabo restauraciones durante diez meses y los dos meses siguientes me iba de viaje para buscar inspiración”. Al cabo de siete años terminé la restauración. Isabelle Emmerique ha decidido dedicarse únicamente a su pasión: la creación pura para clientes habituales, coleccionistas. “Cuando viajo, observo y me lleno de impresiones, de imágenes. Me encanta lo humano y lo vegetal. Un día a Vietnam, estaba dibujando, completamente absorbida por mi tema. De repente, me di cuenta que había una aglomeración a mi alrededor y que todos hablaban de mi dibujo. Sentí una felicidad inmensa”./p>
No fabrica objetos. Lo que le interesa es inscribirse en una dinámica decorativa, realizar obras de gran formato. Como este maravilloso biombo de cuatro paneles al que le dio el título de Lascaux: fondo rojo cerusa, una vaca negra grande y caballos pequeños dorados que parecen estar volando. O como Vegetal, con flores amarillas sobre un fondo verde degradado. “En ese caso, primero pinté las flores, luego las cubrí de verde y después las lijé. Las flores reaparecieron, más vivas, estriadas de verde, como nuevas. Cuando creo, tomo riesgos y todavía espero el peligro.
Siendo ahora una artista profesional, va a tomar un aprendiz entre los alumnos de la escuela Olivier-de-Serres, donde enseña. Para eso sirve la beca de 16 000 € al año que va a recibir durante tres años. Este título la colma de alegría, porque, como dice, “mejor que conocida, estoy feliz de que se me reconozca”.
ANNE-MARIE ROMERO